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Wednesday, February 22, 2017

Number: 125

5 de febrero, Cerler (Huesca)

La Senda del Lobo

Ejercicio AHOLO V

La patrulla asciende utilizando raquetas.

La patrulla asciende utilizando raquetas. (Foto: RI América 66)

Construyendo el vivac.

Construyendo el vivac. (Foto: RI América 66)

''Estos árboles de mi hogar el hombre los considera barreras, la nieve la ve como un estorbo, el frío glacial y el viento cortantes le parecen enemigos, pero yo amo estas cosas porque son las que me hacen fuerte''. EL LOBO. JOSEPH SMITH.

Adentrarse en el valle de Benasque a través del Congosto de Ventamillo es una experiencia que nunca deja de sorprender. No importa cuántas veces se haya pasado por allí. Siempre se encuentran nuevos detalles ocultos entre las escarpadas peñas que delimitan la carretera, recordándonos quizás que la civilización humana es aquí una mera invitada, siendo la montaña la auténtica reina y señora del lugar, y que nada puede hacerse sin su aquiescencia.

Y de repente el desfiladero se abre, y la naturaleza se muestra en todo su esplendor, en una estampa majestuosa, colosal, que sobrecoge por sus dimensiones, humillando nuestro mísero ego, haciéndonos sentir pequeños e insignificantes ante la magnitud del escenario que nos envuelve. Altivos titanes nos observan sentados en sus tronos, sonriendo irónicos desde las níveas cimas. 

Prietos pueblos de piedra blindada se esparcen por el valle, mirando recelosos las alturas. Son mudos testigos de una vida que antaño, antes de la llegada del turismo, era pura supervivencia. Una tierra tan dura sólo podía forjar guerreros, cual es el caso de las familias Ferraz y Cornel, militares de alto rango entre los siglos XVIII y XIX. Cabe destacar también las casonas señoriales, como el palacio de los Condes de Ribagorza, la Torre de los Infanzones de la Casa Juste o la Casa Faure. 

Se deja atrás Benasque y se enfila hacia Cerler, el municipio más alto del pirineo aragonés. Hoy existe una buena carretera, pero hasta la primera mitad del siglo XX, para acceder a la localidad, los fundadores de la estación de esquí tenían que subir a pie desde el fondo del valle, debiendo hacer noche en las casas del pueblo. Este carecía, entre muchas otras cosas, de servicio médico, y en caso de necesidad, los enfermos eran transportados mediante mulas a Benasque. El viaje duraba media hora. 

La 2ª Cía del BIMT ''Montejurra''I/66 llega por fin a su destino en Cerler el día 5 de febrero de 2017, después de cinco horas de viaje desde Pamplona. Allí ejecutará el ejercicio AHOLO V, con la finalidad de mantener el adiestramiento específico de combate en montaña y estar en condiciones de realizar algún cometido en terreno montañoso y ambiente extremadamente frío.

El refugio militar es famoso desde que cierto programa de misterio recogiera las historias que aquí se cuentan desde aquel fatídico año 1991, en que siete soldados y dos cabos perdieron la vida en un alud en la Tuca de Paderna.

A lo largo de la semana se suceden las teórico-prácticas; peligros objetivos y subjetivos en montaña, progresión con raquetas y esquís, transiciones a piolet y crampones, elección de itinerarios, tipos de vivacs, búsqueda con el ARVA, montaje y desmontaje de U.T.E, transporte de heridos, rescate organizado en aludes, lesiones por frío, hipotermia y congelaciones, atalaje de circunstancias, anclajes en nieve, rappel y, por supuesto, técnica de esquí. 

El martes día 7, una gigantesca avalancha corta la carretera que sube hacia los Llanos del Hospital, dejando aislados a varias decenas de personas en el hotel homónimo y modificando el programa de la unidad. Como se menciona al principio de este relato, nada ni nadie puede desafiar la voluntad de la Blanca Dama. 

Se completa la instrucción con la realización de una serie de refugios (iglú, cueva de nieve) en la vaguada entre el Ampriu y el Collado de Basibé, una marcha nocturna con raquetas y esquís, para acabar con una práctica de evacuación de personal herido.

Después de una semana ciertamente productiva, la unidad abandona Benasque adentrándose en el congosto, dejando atrás las huellas de una forma de vida que el turismo y la bonanza económica no han conseguido todavía borrar del todo, de un pasado atávico, ancestral, que aún puede percibirse en las cicatrices de las piedras y en el susurro del viento.