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Ejército de tierra
Ministerio de Defensa
Ejército de tierra

Ejército de Tierra

UNOPROFOR

La Resolución 776 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas disponía, el día 14 de septiembre de 1.992, el envío de fuerzas multinacionales en misión humanitaria a Bosnia-Herzegovina, donde el horror de la guerra y el sufrimiento de la población civil habían hecho acto de presencia unos meses antes. 400.000 militares, procedentes de 35 países, actuaron a lo largo de tres años bajo el nombre de Fuerzas de Protección de la ONU (UNPROFOR), denominación que ya venía dándose a las primeras fuerzas que operaban en Croacia desde un año antes. Eran los conocidos con el popular nombre de cascos azules.

La participación española en el conflicto de los Balcanes se decidió el 28 de agosto de 1.992. Desde ese momento se puso en marcha la operación "Alfa-Bravo". Más de 900 hombres, todos ellos voluntarios y procedentes en su mayoría del IV Tercio de la Legión, constituyeron la Agrupación Táctica "Málaga", que intervino bajo el control operacional de la recién constituida Fuerza de Acción Rápida (FAR).
A ésta le sucedieron, relevándose cada seis meses, las Agrupaciones "Canarias", "Madrid", "Córdoba", "Extremadura", "Galicia" y, por último, la Agrupación Táctica "Aragón".

Desde octubre del 92 hasta diciembre de 1.995, un total de 8.330 hombres y mujeres del Ejército de Tierra desarrollarían tareas de escolta de convoyes; atención sanitaria a personal civil; realización de obras de infraestructura; promoción y mediación en las negociaciones para lograr la liberación de prisioneros de guerra y el intercambio.

Desplegados en el suroeste de la república, el Cuartel General se ubicó en Divulje y Medgugorje, y se establecieron destacamentos en distintas poblaciones de la zona: Mostar, Dracevo, Jablanica y Kiseljak entre otras. de cadáveres; así como recepción, almacenaje, custodia, transporte y distribución de ayuda humanitaria.

La marcha de los primeros legionarios hacia la antigua Yugoslavia tuvo un amplísimo eco entre la población española, que veía con orgullo cómo actuaba su Ejército en misiones de ayuda humanitaria fuera del territorio nacional. La labor de los militares españoles era dura y en ocasiones peligrosa, como ellos mismos manifestaron en diversas ocasiones. Pero su habilidad negociadora, su espíritu de entrega y su sacrificio pudieron con las adversidades.

Los miles de desplazados y refugiados de las distintas repúblicas recibieron el apoyo y protección de los cascos azules españoles, y la población que residía en su área de influencia se identificó de tal manera con ellos que las autoridades civiles decidieron mostrarles su manera con ellos que las autoridades civiles decidieron mostrarles su agradecimiento dedicando a España la plaza más conocida de Mostar, o instalando un monumento al soldado español en Dracevo.

En esta misión es de justicia citar a la Legión, la Brigada Paracaidista, las Brigadas de Infantería Mecanizadas de Córdoba y Badajoz, la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable, la Brigada de Cazadores de Alta Montaña, la Brigada de Caballería, los Grupos de Operaciones Especiales, los Mandos de Ingenieros y de Artillería de Campaña, los Regimientos de Transmisiones y de Guerra Electrónica, el Escalón Médico Avanzado y la impagable contribución del Mando de Apoyo Logístico, que organizó un Mando específico para la operación con unidades de todos los MALZIR.

Todas estas unidades operaron en la zona, donde más de ciento cincuenta heridos y la pérdida de diecisiete vidas humanas ejemplarizan, dramáticamente, la intensidad del esfuerzo español en la resolución de los conflictos de esta tierra.
Además de los cascos azules, España mantuvo alrededor de treinta oficiales yCon la presencia de nuestros militares en la zona de los Balcanes, el pueblo español tomó conciencia de la profesionalidad y capacidad de su Ejército como garante de la paz y la seguridad. Por su parte, los hombres y mujeres que dejando sus hogares se desplazaron a la antigua Yugoslavia tuvieron la oportunidad de adquirir experiencia sobre el terreno de operaciones, y poner a prueba su competencia y disponibilidad.
Las autoridades españolas supieron reconocer el valor demostrado por todos ellos, que hicieron de su misión, estrictamente militar, una cuestión personal en la que se mezclaban sentimientos de tristeza e impotencia por el sufrimiento de croatas, serbios y musulmanes. suboficiales en los distintos puestos de mando multinacionales, y varios generales españoles se turnaron en la segunda jefatura del Mando de UNPROFOR en Bosnia-Herzegovina.

Demostraron que la justicia va más allá de nuestras fronteras. Realizaron, en definitiva, una labor por la que obtuvieron numerosas distinciones y medallas de oro de diversas regiones y comunidades. Entre todas, destaca el Premio "Príncipe de Asturias" de Cooperación Internacional otorgado en 1.993, como reconocimiento al esfuerzo de los contingentes españoles en pro de la reconciliación de los diversos pueblos de Bosnia-Herzegovina.