Con la conquista de Granada
(1492) y la expulsión de los moriscos (1501), los árabes salieron de la
Península y se asentaron principalmente en los reinos de Fez y Tremecen.
Pero la lucha no terminó ahí, pues los moros se organizaron en la costa de
África formando nidos de corsarios desde las que asolaban en verdaderas
“razias” las costas españolas. Los más importantes de estos puntos eran
Argel, Orán, Gades y Río Martín.
La actitud de los Reyes
Católicos frente a esta situación fue la de conquistar puntos claves en la
costa vecina y obedeciendo a esta política se ocupó Melilla (1497) y Cazaza
(1505) entre otros.
Estaba aparejándose en Málaga
una escuadra para la conquista de Orán y el Rey Católico ordenó a Pedro
Navarro la conquista del Peñón de Vélez. Las naves españolas se presentaron
frente al Peñón y antes de quedar rodeados la guarnición mora, compuesta por
doscientos hombres con artillería, pensó que el objetivo de la Armada era la
toma de la ciudad de Vélez (6000 habitantes) y se retiraron a tierra firme
refugiándose en la Ciudad, con lo que se ocupa el Peñón el 23 de Julio de
1508. Inmediatamente se fortifica con los escasos recursos de que se dispone
y los cañones quedan apuntando hacia Bades, Pedro Navarro vuelve con la
escuadra a España y en el Peñón queda una pequeña guarnición al mando del
alcaide Juan de Villalobos.
La toma del Peñón produjo
malestar en Portugal ya que este país tenía una bula concedida por el Papa
Alejandro VI (1494) en la que sólo Portugal podía conquistar en el Reino de
Fez y España en el Tremecén; considerándose la divisoria de ambos reinos
moros el río Muluya. Pero el daño que ocasionaban los piratas en las costas
españolas era tan grande que tuvimos que resolver el problema nosotros. Este
tema quedó zanjado en el Tratado de Cintra por el que Portugal conquistaría
al Oeste de Ceuta, salvo Santa Cruz de Mar Pequeña (Ifini) y España lo hará
al Este de Ceuta.
El 20 de Diciembre de 1522,
después de muchos intentos los moros consiguen apoderarse de la Plaza y
pasan a cuchillo a toda la guarnición. Sobre este punto hay tres versiones
distintas.
Según Juan Antonio de
Estrada, los causantes de esta perdida fueron moros alquimistas que
Villalobos había recogido en el Peñón para su lucro personal. Según
Estebanez Calderón, el alcaide había solicitado a la Ciudad de Vélez dos
mujeres, que posteriormente le acuchillaron y abrieron las puertas de la
Plaza. Por último, para el franciscano Pérez Castellanos las causa de la
pérdida fue la confusión de unos barcos tomados como Españoles no
descubriéndose el engaño hasta que fue demasiado tarde.
Lo cierto es que ya fuera por
avaricia, por traición o por negligencia, el Peñón quedó en manos de los
moros que volvieron a piratear las costas españolas.
INDICE
En 1525, el Marqués de
Mondejar realizó un intento de conquistar nuevamente el Peñón para España,
basándose en la sorpresa y en los datos proporcionados por un artillero
cautivo, pero el intento fracasó.
En 1563 tuvo lugar otro
intento de recuperar el Peñón, esta vez al mando de D. Sancho de Leiva cuyo
plan, al igual que el del Marqués de Modejar, era desembarcar en Torres de
Alcalá, tomar la Ciudad de Vélez y desde allí asediar al Peñón, pero también
fracasó.
Con dos intentos fallidos por
parte de los españoles, los moros se prodigaron en sus piraterías y
consideraban al Peñón inexpugnable. La Costa española, sobre todo la
granadina, se defendia con una especie de red de alerta compuesta por torres
de vigilancia para avisar a la población, pero con todo, el daño que seguían
causándonos era demasiado grande.
No es hasta 1564, en las
Cortes de Monzón donde Felipe II ordena a D. García de Toledo la conquista
del Peñón, quien esta vez siguiendo el mismo plan que los anteriores
conseguiría recuperar la Plaza en dicho año. Para ello contó con una Armada
compuesta por 93 galeras y 60 buques menores en los que zarparon seis mil
españoles, dos mil alemanes y mil doscientos italianos. Estas tropas
pertenecían a España, al Papa, a Malta y Toscana, congregados en una guerra
contra los infieles.
Una vez fortificado y
artillado el Peñón, se construyo el “Fuerte de Tierra” en el Continente y
que servía de avanzadilla y aseguraba el suministro de agua, leña y verduras
(posteriormente, se perdería en 1702), se destruyeron aquellas obras desde
las que se podía hostigar al Peñón, se derrumbaron los muros de la Ciudad de
Bades y se nombra alcaide del Peñón al Capitán D. Diego Pérez Arnalte
componiendo la guarnición cuatrocientos soldados, cien gastadores, cuatro
marineros y “las mujeres que fueran menester”.
Por su parte, los moros
abandonaron la Ciudad y se internaron en el Rif, aunque los ataques y
hostigamiento al Peñón siempre fueron frecuentes.
INDICE
Una vez que la piratería
había dejado de ser el problema principal, se fue convirtiendo el Peñón en
presidio. Al él iban tanto penados comunes como desterrados y presos
políticos, siendo estos dos últimos grupos de una valiosa ayuda a la hora de
hacer frente a los ataques de los moros. Por el contrario, los presos
comunes eran capaces de las más altas traiciones aliándose con el enemigo en
la mayoría de los casos, precisamente debido a una traición es como se
perdió el Fuerte de Tierra antes citado.
La población penal hubo
épocas en que era superior a la guarnición, compuesta por unos cuatrocientos
soldados.
La vida en el Peñón siempre
se ha caracterizado por su dureza y privación. El suministro se hacía desde
Málaga y unas veces debido a los temporales y otras al abandono de las
autoridades de la Península o no llegaba o era insuficiente. Según las
épocas había comercio con el campo moro, pero el abastecimiento siempre era
dirigido y controlado por el alcaide.
En 1662, por ejemplo, se
autoriza a los penados y confinados a pasarse al enemigo por falta de
alimentos. Y en 1810, siendo alcaide D. Gregorio Donayre, no es que se
autoriza, es que se impone el pase al campo moro de todos los desterrados y
presidiarios del Peñón, también por falta de alimentos, todo ello acordado y
ejecutado en una reunión de media hora.
Como curiosidad, destacar que
a la hora de distribuir los alimentos había un código con la campana del
reparto ( en la batería de la corona) que indicaba un toque, carne; dos,
huevos y gallinas; tres, carbón; cuatro, pescado; cinco verduras y patatas;
etc.
INDICE
Ya hemos comentado que desde
siempre se vivía en una situación casi permanente de guerra. Para su
defensa, se fueron construyéndolas siguientes baterías de Artillería:
| San Juan |
Con siete piezas de 16 cm., que cubrían la entrada principal de la Plaza |
| San José |
Con tres piezas iguales a las anteriores, que batíanla Isleta |
| San Francisco |
Con tres piezas del mismo calibre |
| San Antonio |
Con cuatro piezas |
| San Miguel |
Con ocho piezas que batían la playa del continente |
| San Sebastián |
Con tres piezas que batían el pie del Monte Cautil |
| San Jualián |
Con cinco piezas que batían un baluarte que tenían los moros en dicho monte |
| La Corona |
La más dominante de todas con diez piezas |
La plaza sufrió siempre toda
clase de penurias y calamidades entre las que hay que destacar. Asedios (
1680, 1682, 1687, 1702, 1775); epidemias de peste (1743-1744), de escorbuto
(1799) y fiebre amarilla (1821); terremotos (1800 y 1801); proyectos de
abandono de presidios menores (1764, 1801, 1810, 1820, 1846, y 1872) en los
que incluso se contemplaba la idea de volar el Peñón de Vélez; etc.
En cuanto a la población,
convivían allí con la guarnición militar, la población reclusa y el
estamento civil. Existía una Junta de Arbitrios ( civiles y militares) de la
que el presidente era el Comandante Militar. Disponían también de escuelas,
telégrafos y correos, hospital militar, Iglesia, etc...
Cuando se estableció el
Protectorado, los habitantes civiles se fueron a Villa Sanjurjo y con la
independencia de Marruecos pasaron a Ceuta o Melilla, quedando desde
entonces ocupado el Peñón por una pequeña guarnición militar.
COMIENZO
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