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Ejército de tierra
Ministerio de Defensa
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Palacio de Buenavista

Reseña histórica

Desde que, a principios del siglo XVI, el arzobispo de Toledo, Primado de las Españas e Inquisidor General del Reino, Gaspar de Quiroga, levantara una casona-palacio sobre los terrenos  conocidos como altillo de Buenavista, esta propiedad ha sido residencia de reales e Ilustres personajes de nuestra Historia.

Tras el traslado de la corte a Madrid en 1561, el  Rey Felipe II y su cuarta esposa, Ana de Austria, utilizarán esta propiedad, donada por el arzobispo, como casa de campo, recreo y descanso mientras se realizan las obras de acondicionamiento del Real Alcázar.

A su regreso a España después de quedar viuda de Maximiliano II, la Emperatriz María de Austria vivirá en el palacio junto a su hija Margarita.

Tras su muerte, la propiedad pasará al Rey Felipe III, que la utilizará esporádicamente como casa de campo, hasta que finalmente, inclinado su gusto por otros palacios como El Escorial o Aranjuez, quedará relegada al olvido, siendo vendida en 1609 a Don Diego de Silva y Mendoza, Duque de Francavilla.

Plano de Texeira

Plano de Texeira

La propiedad pertenecerá a esta familia durante casi ciento cincuenta años, perdiéndola finalmente en 1744 por problemas económicos, momento en que será adquirida por la Congregación de San Ignacio de Loyola ( Compañía de Jesús) que proyecta la construcción de una gran Universidad que nunca llegaría a materializarse por falta de recursos económicos.

Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada y valido del Rey Fernando VI, será su nuevo propietario hasta que, desterrado a Granada por el Rey, la venderá en 1759 a la Reina Isabel de Farnesio, madre del futuro Rey Carlos III.

Tras la muerte de ésta en 1766 adquirió la propiedad el XII duque de Alba, Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, que la amplió significativamente comprando terrenos colindantes y proyectando, junto con el arquitecto Ventura Rodríguez, grandes reformas que nunca llegaría a ver culminadas.

Pero es en 1777 cuando la  XIII duquesa de Alba, María Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, junto con el arquitecto Juan Pedro Arnal, construye el nuevo palacio con su actual diseño neoclásico.

Después de la temprana muerte de la duquesa sin herederos directos, y no existiendo una buena relación con su familia, donará la propiedad a sus más íntimos amigos y criados más cercanos. Durante este periodo el ayuntamiento de Madrid la intenta comprar, consiguiéndolo finalmente en 1807, cinco años después de la muerte de la duquesa.

Pero pronto volverá a encontrar poderosos inquilinos, pues el ayuntamiento la regalará al valido de Carlos IV, Manuel Godoy, «Príncipe de la Paz», que, aunque realizará importantes reformas en el palacio, nunca llegará a habitarlo, por su caída en desgracia, que culmina el 18 de marzo de 1808 con el motín de Aranjuez.

Con la llegada de las tropas napoleónicas a Madrid (abril de 1808), el mariscal Joachim Napoleón Murat, cuñado de Napoleón, elegirá el Palacio como cuartel general de sus tropas, acampadas en Madrid. Durante su corto reinado Jose I Bonaparte intentará sin éxito dedicar el palacio a acoger un museo de Pinturas.

Proyecto de museo de pinturas en 1814

Proyecto de museo de pinturas en 1814

Terminada la Guerra de la Independencia Española en 1814 habrá un intento de cesión del edificio por parte del Rey Fernando VII a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para convertirlo en el Museo Fernandino, una «galería de pintura, estatuas, planos y de más bellezas artísticas, así como para la enseñanza y aprovechamiento de los discípulos y profesores, satisfaciendo la noble curiosidad de naturales y extranjeros, dando a España la gloria que tan justamente se merece». Finalmente, este hecho no llegará a buen término, instalándose dicha galería en el Paseo del Prado, origen del actual museo que lleva su nombre.

En 1816, y gracias a las gestiones realizadas por el almirante Luis María de Salazar se publica la R.O. de 8 de Marzo por la que se autoriza la  instalación del Real Museo Militar en el palacio de Buenavista, tomando posesión de él el Conde de Casa-Sarria, jefe de la Escuela de Artillería, que encontrará un edificio con alto nivel de deterioro. Posteriormente, en el año 1827, se dividirá en dos museos: El Real Museo de Artillería y Museo Real del Cuerpo de Ingenieros.

Años más tarde, en 1841, el general Espartero, Regente del Reino durante la minoría de edad de Isabel II, se instalará en la propiedad, pero al marchar hacia su exilio en Inglaterra dos años más tarde el palacio será destinado a otros usos, entre ellos residencia del embajador de la sublime puerta otomana (Turquía) Fuad Effendi o, más tarde, como direcciones de Caballería, Artillería e Ingenieros, hasta que en 1847 se convierte en Ministerio de la Guerra.

En 1860 se construyen las alas que dan paso al patio grande (o Patio de Armas), que queda cerrado en 1876, quedando tal y como ahora le contemplamos.

Durante los años venideros, y ya como Ministerio de la Guerra, el edificio será ocupado por insignes personajes, entre los que cabe destacar al general Juan Prim i Prats, Ministro de la Guerra y Presidente del Gobierno, que moriría en él el 30 de diciembre de 1870, a consecuencia de las heridas sufridas por un atentado en la calle del Turco (actualmente Marqués de Cubas) cuando regresaba de las Cortes.

El Palacio como Ministerio de la Guerra

El Palacio como Ministerio de la Guerra

Con el advenimiento de la I República, en 1873, se continuó utilizando como Ministerio de la Guerra, dirigiéndose desde él las gue¬rras de Cuba, la Cantonal y la III Guerra Carlista.

En 1923 y con el General Primo de Rivera, otro de sus inquilinos, cambió su hasta entonces denominación por la de  Ministerio del Ejército.

El mismo día de la proclamación de la II República, 14 de Abril de 1931, Manuel Azaña se hizo cargo del palacio como ministro del Ejército primero y, más tarde, como Presidente del consejo de Ministros.

Durante la Guerra Civil de 1936-1939 se estableció en él la Junta de Defensa de Madrid, presidida por el General Miaja.

Una vez finalizada la guerra se hizo cargo del edificio el general Varela, como Ministro del Ejército, llevándose a cabo las últimas reformas importantes. Entre ellas cabe destacar la construcción de un piso sobre la cornisa original, y la decoración del interior del frontispicio, obra del escultor Aniceto Marinas.

En 1977 fue transformado en Ministerio de Defensa. Durante este periodo fueron sus titulares el general Gutierrez Mellado, Agustín Rodriguez Sahagún y Alberto Oliart Saussol.

Finalmente, en 1982, con el traslado del Ministerio de Defensa a su ubicación actual, en el paseo de La Castellana, se transformó en Cuartel General del Ejército de Tierra.