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Boletín Tierra

jueves 17 de octubre de 2019

Número: 04

Ignacio Salas, Ingenioso, creativo, locuaz e imaginativo, le gusta 'estar en las nubes y viajar por el Limbo'

Soñó con ser boxeador, Billy Wilder o dibujo animado pero «como no valía para nada, tuve que hacerme periodista y opositar a funcionario de la televisión pública». Ignacio Salas, hijo de general y nieto de coronel nos cuenta, en clave de humor, cómo han sido sus cinco décadas de existencia.

 

«Soy un ejemplar bastante corriente de persona anormal»

 

Ignacio Salas es un gran conversador y hace alarde de un gran sentido del humor. De hecho, al preguntarle sobre su ciudad natal no tiene reparos en admitir que podría haber nacido en Hollywood o en Djibuti pero, por su aspecto físico, sus padres pensaron que en Bilbao «pasaría más inadvertido». Ha sido, sucesivamente, redactor, reportero, locutor, realizador, guionista, presentador y autor de todo tipo de programas, en los que ha plasmado su talante humorístico y creativo. Y como muestra, un botón: programas como... Y sin embargo te quiero, Segundos fuera, Si te he visto no me acuerdo y Objetivo indiscreto 4, tuvieron unos altos índices de audiencia. Actualmente aparece en la pequeña pantalla anunciando una conocida marca de vehículos.

¿Vive usted en el Olimpo?

Siempre he sentido atracción por el vacío y afinidad por el vértigo. He preferido más estar a la altura que sentar la cabeza o poner los pies en la tierra. Me gusta estar en las nubes y viajar por el Limbo, por Babia o por Jauja. El Olimpo no es mal sitio para los que estamos "tocados del ala".

 

«Mi afición favorita es hacer nada por la mañana

y por la tarde pasarlo a limpio"

 

¿"Tocado del ala"? ¿Cómo es realmente Ignacio Salas?

Me pones en un compromiso porque nunca se me ha ocurrido preguntármelo, pero sospecho que soy un ejemplar bastante corriente de persona anormal, un cazador de instantes que hace el pino con dificultad y mueve las orejas con soltura.

Machado decía "...Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla..." ¿De qué son recuerdos su infancia?

Soy tan gandul que hasta mis recuerdos son vagos pero, si enredo entre mis amnesias, siempre me encuentro zascandileando por un campo de instrucción paracaidista. Mi padre fundó el paracaidismo en el año 48 y esta actividad marcó toda mi infancia y mi adolescencia. Los paracaidistas (oficiales, suboficiales y tropa) fueron mis héroes y mis auténticos maestros. Para mí eran tan importantes como el Capitán Trueno, Bahamontes o Zarra. Ellos me enseñaron a saltar, trepar, desfilar, distinguir los toques de corneta..., y a montar en bicicleta, a volar, a conducir y a nadar.

¿Esas son sus aficiones?

Mi afición favorita siempre fue hacer nada por la mañana y por la tarde pasarlo a limpio. El desgaste está en resolver la duda de si levantarme tarde porque no tengo nada que hacer, o madrugar para tener más tiempo de no hacer nada.

Haciendo un alarde de vanidad, de todas las cosas que ha hecho (¡o que no ha hecho!), ¿de cuál se siente más orgulloso?

Creo sinceramente que lo único interesante que he sido capaz de hacer es alcanzar la categoría de padre..., ¡y muy señor mío!

¿Tiene Ignacio Salas algún lema que guíe su vida?

Muchísimos. Por ejemplo "dame pan y llámame tonto", "por la calle del ya voy se va a la casa del nunca", "si el éxito te persigue, procura ser mucho más rápido, o sobornarle para que no te encuentre", "envejecer no es tan malo, si uno considera la alternativa", "es mejor legar un buen recuerdo que no dejar ni rastro", "dime de que presumes y te diré de que Cáceres... y Badajoz"

 

«Nuestros soldados en Bosnia

están realizando una gran labor"

 

A lo largo de su carrera profesional le hemos visto, en multitud de ocasiones, acompañado por Guillermo Summers ¿Qué representa para usted?

Es la cara amable de la moneda. Es divertido, cordial, ocurrente, amable, práctico, sensato y políticamente correcto. Pero como los polos opuestos se atraen, aunque hayamos trabajado separados, para la gente somos tan indisociables como Tom y Jerry, Black & Decker, Rock and Roll o Ramón y Cajal.

Es que es usted muy conocido...

Soy conocido porque soy popular. Soy popular porque salgo por la tele, y salgo por la tele porque soy conocido. Es decir, que mi fama es consecuencia de la repetición de mis apariciones. Algo así como el león de la Metro, la sintonía de Eurovisión o las campanadas de fin de año.

¿Qué le queda por hacer hasta que suenen sus campanadas de fin de año?

¡Hummm! Veamos... lidiar un toro, pilotar un reactor, acabar con el hambre, el dolor y la marginación, jugar de delantero centro del Athletic, pasear por el Renacimiento, adoptar todos los animales abandonados, ligar con Sharon Stone, convertir el cosmos en un confortable hogar... ¡Qué sé yo! Todas las páginas del Espasa serían insuficientes para imprimir mis sueños.

¿Y cuáles son sus sueños de cara al futuro?

Lo que quiero es una jubilación sin angustias económicas, para poder dedicarme a la vida contemplativa, como un privilegiado observador de grada.

Hace poco ha estado en Bosnia-­Herzegovina con las tropas españolas ¿Cómo ha sido la experiencia?

Fui a Bosnia-Herzegovina para ver a nuestras Fuerzas Armadas integradas en un Ejército multinacional. La visita ha sido muy estimulante. No conocía los Balcanes y me ha encantado la zona y deprimido la situación. Es un disparate demasiado complejo para resumirlo en poco tiempo. Las tropas españolas me han tratado con una exquisita deferencia y me han hecho más fotos que a Ronaldo en el Mundial. Creo que nuestros soldados están haciendo una gran labor. Considero la experiencia altamente positiva para el Ejército, pero me temo que la finalidad es la persecución de un imposible.

 

 

Raíces militares

Su vida siempre ha estado ligada al Ejército. Hijo de un general de Aviación, nieto de un coronel de Intendencia y sobrino de un Capitán General, Ignacio Salas asegura que su mili duró 15 años... pero al final se licenció de cabo.

«Yo era un civil infiltrado como mascota en una base aérea. Prefería estar entre soldados que con mis compañeros y, ya universitario, pensé que todas aquellas frustraciones adolescentes me servirían para convalidar el Servicio Militar. Pero a mi padre no le costó convencerme de lo estimulante que era predicar con el ejemplo. Así que cumplí en Madrid, en el 12 Escuadrón, y lo pasé fatal. No supe doblegar a las limitaciones del uniforme mi anterior libertad de movimientos».

Su única obsesión era saltar en paracaidas y a los 7, a los 8, y a los 11 años estuvo a punto de conseguirlo, pero lo único que logró fue que arrestaran a sus instructores. «Mi padre trataba de explicarme la diferencia que había entre la vida civil y el mundo militar. Me decía que aquello era una Escuela de paracaidistas, no un circo. Pero yo veía probar paracaídas con cabras, monos y perros, y todos eran más jóvenes que yo, menos pesados y más cortos de entendederas. Tampoco llevaban uniforme y, que yo supiera, jamás hicieron la mili». Al final consiguió saltar a los 35 años, «pero sólo por facilitar una previsible tradición».